Ante todo, la canción

De Gualeguaychú a Buenos Aires. Desde hace poco más de 10 años, recorren el camino de la música y la autogestión. Tres discos bajo el brazo, el énfasis en la canción como estandarte y lo simple como una forma de belleza. Una conversación con Valbè.

por Pablo Boyé

La razón no es para cualquiera

Si uno hiciera el intento de abstraerse por completo del zumbido de la ciudad, de su maquinaria, sus bocinas, su murmullo irrefrenable, quizás podría sentir un leve pulso acercándose, desde adentro. Como un corazón que late y, en cada latido, marca el rumbo que hay que tomar.

Lograr escucharlo puede ser una hazaña pasajera, o bien una forma ¿deliberada? de encarar la vida y sus proyectos. En este sentido, Damián Helmer nos dice:

-Las dimensiones de los planes que vamos armando tiene que ver con el momento que vamos transitando, con los recursos y las ganas que tenemos, con las cosas que nos palpitan.

Es un jueves de diciembre, innecesariamente caluroso. Octavo piso de un departamento en el barrio porteño de Almagro. La última dimensión que cobraron los planes de Valbè abarcó un tercer disco en estudio y su presentación en la sala del Caras y Caretas.  

-Valbè siempre se arregló con lo que hay -explica Noelia Recalde-. Lo que hay entre nosotros, con el humor que nos toca cada día, lo que hay con la música, con las canciones, con los instrumentos, dónde ir a tocar, para quién tocar. Todo el tiempo se va resolviendo en un presente que no se puede proyectar demasiado, porque es autogestión.

Hay un doble sentido de lo inevitable que aparece, tanto en lo que ellos dicen como en lo que callan: eso que sucede es fruto de una decantación natural de las cosas, y la intuición, que nace al fluir de aquel pulso silencioso, es el engranaje que mueve las decisiones.

-Es algo que ninguno de nosotros puede explicar, pero cuando logramos algo que nos gusta a los tres, decimos: “uh, acá hay un Valbè de nuevo. Lo logramos de nuevo”.

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La simpleza no se derribará (eso lo sabe el mundo)

La pregunta era acerca de la autenticidad: ¿qué es eso que ellos consideran auténtico cuando están creando música? Sin dudas, está la sinergia de sus latidos interiores, pero no hay una respuesta, o por lo menos una que se pueda enunciar con claridad.

-Los tres somos cancioneros, nos gustan las canciones. Y aparte no tenemos muchas posibilidades para hacer -cuenta Noelia-. Yo concibo la canción desde un lugar que ellos jamás van a pensar, y que probablemente sea lo contrario de lo que ellos piensan, por la manera en que cada uno ve la música.

Al frente, entonces, se configura la canción, con toda su franqueza y su expresividad. En algún momento han dicho que no les pesa el hecho de pensar si algo ya fue hecho antes, porque lo que importa para ellos es hacerlo a su manera, que sea propio.

-Hay un montón de elementos, todos tenemos los mismos: no hay una fórmula -explica Cristhian Faiad-. E inclusive utilizando una fórmula, como en el último disco, siempre suena a Valbè, porque es imposible imitar. Es decir, vos tomás recursos de la música en general y suena diferente. Yo pienso mucho la creación de la batería desde un lugar de personaje: cómo lo hubieran hecho los bateristas que me gustan. Vos sabés lo que puede pasar con una canción, pero siempre hay otra posibilidad. Me parece que la idea es no repetirse nunca, ni repetir los recursos de Valbè mismo, por eso van cambiando las músicas de disco a disco.

Simpleza y una idea de transparencia, de que lo que está ahí sonando está casi al desnudo ante nosotros para ser escuchado. Rock, funk, folklore argentino, música brasileña, resonancias uruguayas y algún soplo gitano son elementos que se combinan, sin prevalecer ninguno, como herramientas que son elegidas para el momento o, más sencillamente, evocaciones que se desprenden de modo natural, memorias del cuerpo diciendo música.

-La canción -cierra Damián- siempre se tiene que poder hacer en versión campamento. Si no funciona ahí, por ahí la canción es medio rara.

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¿Y cómo cruzarás las fronteras?

-Así como hay necesidad de escuchar algo nuevo y de nutrirse constantemente, hay necesidad de volver a ver el río, una cuestión más contemplativa de los paisajes, de la enseñanza que tiene cada uno. Es inevitable el contraste, porque vivimos acá. Sí o sí, todos los paisajes se entreveran.

Noelia Recalde compone sin descanso aproximadamente desde los catorce años. Un día, impulsivamente, decidió emprender los cerca de 230 kilómetros que la distanciaban de Buenos Aires, con la idea de expandir su horizonte de posibilidades. Allí formó Valbè, junto a Damián Helmer y Cristhian Faiad, los tres de Gualeguaychú.

-Al principio no fue fácil, por ser del interior, ser parte del circuito. Y de ahí nace, por ejemplo, el Martes Rueda.

Valbè, en sus comienzos, era otro formato: si bien la guitarra con cuerdas de nailon que tanto caracteriza el sonido actual del trío ya estaba, Helmer tocaba el bajo fretless. ¿La proyección? La misma que tenía cualquier grupo de amigos que se junta a hacer música: componer, ensayar y tocar en vivo. Y en cierto momento, sin que ellos tuvieran planes al respecto, los invitaron a grabar lo que se transformó en su primer disco de estudio.

-Cuando sacamos el disco, dos amigos me dijeron: “che, esto está muy bien, está muy bien el sonido”, y yo eso no lo había visto -recuerda Cristhian-. A partir de ahí, lo empecé a escuchar de otra manera. Supongo que eso hizo que hayamos tenido ganas de seguir haciendo esto, con esa sonoridad.

De un primer álbum no planificado, que resulta más un agrupamiento de canciones -bellas, sí, pero dispersas-, a un segundo disco ya elaborado conceptualmente: 7 paisajes. Allí se afianzan el proyecto artístico y la propuesta estética de Valbè. La potencia característica de un no-tan-clásico power trío, sin guitarra eléctrica (Noelia admite ni siquiera tener una), en donde las canciones se lucen sin mucho ropaje, los arreglos son directos y concisos, y las melodías apuntan a esas fibras íntimas del cuerpo que despiertan la emoción. Recalde y su sensibilidad recogen, como el pintor sobre el lienzo, diferentes elementos de esos paisajes entreverados, en una letrística que invita a una nueva conexión con lo natural, las raíces, lo simple y las emociones. Y donde el vértigo de la ciudad y sus formas cobran un lugar de antagonismo. Ella nos dice:

-Necesito despegar de algún modo de la ciudad.

Mientras tanto, el mate que circula de mano en mano cumple una función ambigua: calmar la sed y potenciar el calor, ya agobiante, en esta Buenos Aires colapsada.

-Ahora, a fin de año -agrega- no hay una persona que no esté colapsada.

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La forma para equilibrar

Los tres integrantes de la banda, además de músicos, son gestores de actividades culturales que encaran junto a otros músicos: Noelia y Damián, por un lado, con el encuentro de compositores Martes Rueda; Cristhian, por su parte, con la Beatle Jam. Experiencias que los nutren a la hora pensar todo lo que implica la producción en Valbè.

-Ahí estamos en otro rol -cuenta Noelia-. El primer beneficio que tiene eso es personal, me parece que está re bueno sacarse cualquier etiqueta de encima y ponerse al servicio del otro.

La vieja, pero por momentos todavía vigente, idea del músico enclaustrado en su íntimo proceso creativo, aislado de las relaciones con otros, ajeno a la tediosidad de lo administrativo, se derrumba. Nace una nueva posibilidad: la del músico-gestor, que no sólo emprende un proyecto personal, sino que abre el juego hacia los demás. Noelia comenta:

-Eso está cambiando a partir de esas pulsiones de que hay que hacer algo para que vayan mejorando las generaciones que vienen detrás, así sea algo pequeño. La música tiene un montón de lugares de salvación.

La autogestión, entienden, también es un camino de aprendizaje, en donde la prueba y error se vuelven una dinámica ineludible. El camino de la autogestión no nace de un planteo, sino de una necesidad: no había otra cosa. En palabras de Cristhian:

-Se ha dado históricamente que los grandes movimientos han surgido a partir de no tener nada a favor. Y el movimiento de la autogestión nace con eso, cuando las compañías dejan de contratar artistas en los noventa, ahí la cosa empieza a cambiar. Todos empezamos a ver que había que bancarse. A veces, el viento en contra te ayuda a peinarte.

Aprovechar los impulsos que puedan provenir desde las distintas instancias del Estado también ha sido un elemento importante a la hora de buscar recursos y herramientas. Sin embargo, es una relación que de ningún modo puede ser determinante:

-No creo en la cultura oficial -continúa Faiad- creo que la cultura es del pueblo, y el pueblo la maneja. Siempre las mejores cosas surgen de la movida independiente.

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Camino al horizonte

Terser es el último álbum de Valbè, grabado en Family Mob Studios (São Paulo, Brasil), lanzado en octubre de 2016 y apadrinado por el Club del Disco. Desde lo que es el diseño visual hasta la producción de las canciones, empieza a percibirse una nueva búsqueda estética. Nueva búsqueda, sin embargo, que no altera esa esencia, esa semilla inicial, que los constituye.

-Nunca se repitieron las movidas, siempre tuvieron algún condimento, alguna cosa nueva. Hacer lo mismo que ya hicimos no tiene sentido. Ya habrá tiempo para hacer un grandes éxitos.

Pero, ¿cuál es esa semilla?

El nuevo disco los enfrentó con una nueva forma de encarar la producción, con las fechas de grabación ya pautadas de antemano, quemando los días del calendario. En varios casos, los temas se armaron en la computadora, con programaciones, y los tocaron por primera vez en el estudio. Es un disco, ellos dicen, que se grabó “rápido”.

Por momentos se percibe más “rockero” que los anteriores, por otros busca intencionadamente incomodar; las letras de Recalde viran hacia un sentido más introspectivo y profundo, mientras las cuerdas sintetizadas, las programaciones y guitarras varias añaden otros colores y texturas al sonido de la banda.

-Nosotros no estamos pretendiendo cambiar la historia de la música -explica Cristhian-. Se trata de hacer algo que sea interesante para nosotros, y que de algún modo sea desafiante. Esa es la búsqueda.

Si “mañana es la única posibilidad” -tal como dice la voz de Luis Alberto Spinetta en el preludio a “Pensando en tu canción”, anteúltimo tema de 7 paisajes-, la búsqueda, entonces, es la de proyectar en el mañana algo nuevo, algo creativo, que los arrebate de la zona de confort en la que cada nueva instancia, cada nuevo disco, los encuentra parados.

Algo nuevo, sin alterar la esencia. Sin alterar Valbè.

Pero, ¿cuál es esa esencia?

¿Qué es Valbè?

Noelia responde:

-Nosotros tres.


*La foto de portada fue tomada por Vir Verstraeten y el diseño fue realizado por Damián Ancherama.
**Las fotos incluidas en el cuerpo de la nota fueron tomadas por Tute Delacroix, durante la presentación en vivo de Terser, en Caras y Caretas 2037.

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