Lo del tango es más que una idea

Marginal en sus comienzos, hoy el tango es para las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires como la milanesa: un tótem oficial de lo porteño. Ante esto, un análisis acerca de cómo la escena tanguera supera los límites sugeridos, rompe mezquindades estilísticas y se amalgama con otros géneros.

por Nacho Castillo

Casi en simultáneo a la polémica producida por el spot del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que muestra a un bandoneonista tocando el hit de Luis Fonsi, “Despacito”, como pieza de difusión para una nueva edición del Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires, la producción discográfica del género reafirma su estética viva y en continua expansión. Los nuevos lanzamientos de 34 puñaladas, Hernán “Cucuza” Castiello y Tango Bardo, Astillero y el Sexteto Murgier proponen, desde sus coincidencias y particularidades, una muestra ejemplar de este suceso.

Las historias del humo es el séptimo álbum de 34 puñaladas, el cuarteto de guitarras con cantante que desde hace casi veinte años (y con siete discos editados) actualiza con sonido punzante y pulso eléctrico una de las formaciones embrionarias del tango canción. Si en Tangos carcelarios, su primer álbum, el grupo ponía en la voz de Alejandro Guyot una selección de tangos reos y lunfardos de principios de siglo XX, en Las historias del humo se determina una elipsis de casi cien años: ahí donde antes predominaba el espíritu del tiempo de Celedonio Flores, toman la posta nuevos autores y compositores que reformulan el imaginario de la penumbra porteña. Doce canciones entre las que destacan las firmas de Acho Estol, Victoria Di Raimondo, Guido Iacopetti, Flavio Reggiani y sorprenden las de Javier Martínez (en una justísima versión de “Porque hoy nací”, una suerte de homenaje en partes iguales a Manal y a Hermética, dos polos inevitables de nuestra representación urbana en el rock nacional) y de Juan Pablo Fernández, integrante del trío de rock Acorazado Potemkin.

Es que ya no es una rareza la inquietud de los intérpretes de tango por incorporar al repertorio las obras del cancionero rockero. Uno de los cantores que más claramente pudieron visualizar -e interpretar- este vínculo es Hernán “Cucuza” Castiello, que en su ciclo “Menesunda: Tangolencia rockera” supo cantar a Luis Alberto Spinetta, Charly García, Luca Prodan y Gustavo Cerati con la misma impronta y carácter con la que junto a su Trío Inestable recorre a los grandes autores y compositores del género una vez por mes en el bar notable El Faro, su centro de operaciones. Cucuzatangobardo, el disco que acaba de editar junto al cuarteto Tango bardo, propone una pequeña muestra de esta cosmovisión musical en la confluencia de una versión de “Carabelas nada” de Fito Páez con clásicos como “Garúa” o “Alma de loca”. También asoman nuevas composiciones de autores del género como “Tibieza” (del propio puño y letra del cantor leyenda de Villa Urquiza), “Felicidad” (de Guido Iacopetti, guitarrista del Sexteto Fantasma) y “Juguete rabioso”, guiño a la primera novela de Roberto Arlt del ya mencionado Estol, quien sea quizás uno de los máximos autores referentes de esta generación consagrada. Resulta necesario destacar, además, la importancia del primer registro en estudio para un disco de larga duración de la voz de Cucuza, quien continúa sumando kilometraje (y mística) cantando en todos los escenarios porteños, mientras sigue esquivando los micrófonos de las cabinas de grabación.

Si tanto las voces de Guyot y Castiello como la pluma de Estol son estandartes de esta generación, las partituras del pianista y compositor Julián Peralta resultan también ineludibles. Astillero es el proyecto que lidera desde el año 2005 como pianista y compositor. En Quilombo, el cuarto álbum del sexteto (con foto de tapa de Marcos López, un acierto de diseño gráfico que continúa el cuidado de Soundtrack Buenos Aires, su disco anterior), la búsqueda por nuevos materiales que enriquezcan la música de expresión porteña lo lleva a aventurarse en el mundo de la murga rioplatense. Así como Rep hizo los barrios en Buenos Aires dibujada, Peralta y el bandoneonista Mariano González Calo recorren en sus composiciones el sur de la ciudad y el conurbano bonaerense a lo largo de once piezas instrumentales que por su fuerte desarrollo motívico acentúan la intensidad rítmica ya característica del grupo, a la vez que proponen nuevos modelos formales sobre los que poner en juego los elementos fundamentales del género.

Continuar nutriendo el tango de matices e influencias ajenas es, por supuesto, una de las claves para su continua reformulación. La generación que integran las figuras hasta acá nombradas tiene bien claro este aspecto, pero no es menor la intensa labor de investigación y divulgación que tuvieron que realizar para expandir el terreno de la práctica común del género e instalar por prepotencia de trabajo su aceptación. Una posterior generación de músicos crece y se forma bajo esta premisa, no tanto como gesto de vanguardia sino como un elemento de juego más. Y entre tanta hibridación, resulta imposible no re-preguntarse continuamente por la pertinencia de una identidad argentina en esta música. Muy lejos, primer disco del Sexteto Murgier, liderado por el pianista y compositor Pablo Murgier propone una personal hipótesis integradora. El disco presenta nueve composiciones originales en las que la sonoridad del quinteto tanguero tradicional (más un violoncello) se acerca también a expresiones folklóricas de otras regiones de nuestro país (“Dianka”, “Chapu” y “Chacarera de la negra”) y a cierta nostalgia rockera, como en algunos giros melódicos de las canciones “Humo” y “Meliquina”, que evocan el espíritu de dos facetas distintas del mejor García. Con el piano como protagonista (una herencia que pareciera atribuirse más a Diego Schissi o Egberto Gismonti que a Horacio Salgán), las obras están además interpretadas por el sexteto con suficiente frescura, flexibilidad y dinamismo como para trazar sin esfuerzo el puente entre este complejo entramado de influencias.

Esperamos que esta hoja de ruta (que por supuesto no deja de ser un recorte de la escena mucho más poblada que nos rodea) no resulte tan sólo una evidencia de la vigencia del género postulada al comienzo de este artículo y comprobada a través del juego de relaciones desarrollado, sino también una invitación a disfrutar de estas músicas mientras todavía son novedad. Una buena oportunidad será el festival Familia CAFF, que pondrá a 40 grupos de la escena actual (entre los que se encuentra el Sexteto Murgier) en el escenario del Club Atlético Fernández Fierro durante nueve noches de agosto. Que no te la cuenten: el tango está más vivo que nunca.

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