Arte y locura

Hay un imaginario social construido que nos dice: todos los grandes artistas están locos. ¿Es la locura una condición necesaria para que el artista sea tal? ¿Todos los artistas están locos, o todos los locos son artistas? De Aristóteles, la bilis negra y categorías psicopatológicas, a un análisis sobre lo que implica salirse de la norma social y estadística.

por Claudio R. Boyé

“Debe aspirarse a una estética de lo mínimo de motivación o asunto, tendiente a la pureza de una total omisión de motivación que caracteriza a la música (no se dice por qué gime: si porque perdió su dinero o porque recuerda su pasado).”
Macedonio Fernández

La idea de que hay una relación causal entre la locura y la creación artística tiene una larga historia y aún sigue vigente en el imaginario social. En algunos casos, llegando al paroxismo de afirmar que para crear hay que estar loco, en el sentido psicopatológico del término. Sin embargo, la locura en tanto psicosis es un trastorno mental que, por lo general, impide no sólo toda creación artística, sino también que el sujeto en cuestión pueda sostenerse solo en la vida.

Así y todo, hay nombres en la historia del arte que contradicen esta afirmación: Artaud, Van Gogh, Jacobo Fijman, Pessoa, Gerard de Nerval, Camille Claudel, Hölderlin, Giorgio de Chirico, Kokoschka, y sigue la lista.

Frente a esta contradicción seguramente se enfrentó Aristóteles. Para intentar resolverla la analizó en el Problema XXX, “El hombre de genio y la melancolía”:

“¿Por qué todos los que han sobresalido en la filosofía, la política, la poética o las artes eran manifiestamente melancólicos, y algunos hasta el punto de padecer ataques causados por la bilis negra, como se dice de Heracles en los mitos heroicos?”

La respuesta que da Aristóteles se basa en la teoría de los humores, que era la vigente en esa época para explicar la naturaleza de las enfermedades. Así, compara el efecto del vino sobre las personas con el de la bilis negra:

“El vino hace anormal al hombre no por mucho tiempo, sino sólo por poco, pero la constitución natural de un hombre le hace tal permanentemente, durante toda su vida; y así unos son audaces, otros taciturnos, otros compasivos y otros cobardes por naturaleza. Así, de un mismo modo el vino y la naturaleza (entiéndase bilis negra) hacen la manera de ser de cada uno”.

Así como el vino hace cambiar el carácter de una persona volviéndola locuaz, violenta o amorosa, algunos, continúa el estagirita, son abatidos mientras beben y otros después de embriagarse. Esta comparación le permite al final establecer que, así como con el vino, sucede con la bilis negra. Todos tienen bilis negra pero ocurre que algunos son afectados por la enfermedad melancólica y otros por una melancolía que es una mezcla de humores, una constancia de la inconstancia que puede traducirse en salud. Es una manera de mantenerse en una inestabilidad esencial y un exceso que generan una capacidad de crear. Lo que propone el filósofo griego es una reflexión sobre la oportunidad (kairós) de salir de sí mismo (ekstasis) en un encuentro con lo inestable y el instante. La ekstasis es, entonces, una forma de locura que consiste en salir de sí mismo, una manera de estar loco que no puede convertirse en un concepto médico.

***

¿Por qué recurrir a Aristóteles habiendo autores más modernos y hasta contemporáneos que trabajan la misma pregunta? La respuesta es que el Problema XXX es una suerte de matriz; a partir de ella lo único que cambia es la teoría y las categorías diagnósticas desde donde se formula el problema. Así la psiquiatría hablará de bipolaridad en lugar de melancolía, o de depresión, por ejemplo. El psicoanálisis intentará, en el peor de los casos, hacer una patografía y, en el mejor, utilizar sus categorías de análisis para encontrar una explicación. La categoría más utilizada es el concepto de sublimación, acuñado por Freud para explicar la actividad artística o intelectual para enfrentar el malestar en la civilización. Sin embargo, tampoco este concepto permite ir mucho más allá de Aristóteles.

Lo que problematiza más el asunto es que hay artistas que caen en categorías psicopatológicas y otros que no. Entonces cómo resolver la cuestión.

Los artistas son anormales

El planteo de Aristóteles nos puede guiar. El artista, el creador, el genio no son por fuera de lo humano. Tampoco están tomados por el Furor Divino, ni tocados por ninguna condición suprasensible. Son anormales. Es decir, están fuera de la norma social y estadística. No se preocupan por lo razonable de su conducta, como lo propone el bien pensante. Lo que más le preocupa y lo ocupa, sino lo único, es su obra, ese objeto que está construyéndose. Su actitud ante el mundo social está bien descrita en una carta que Freud le responde al pastor Pfister, que oficiaba como psicoanalista allá por 1910:

“Su amable carta pide exprese mi opinión sobre el análisis… Creo que el análisis peca de la calamidad hereditaria de la virtud; es la obra de un hombre demasiado correcto que se siente por lo tanto obligado también a la discreción. Ahora bien, estos asuntos psicoanalíticos sólo son comprensibles dentro de una cierta integridad y prolijidad, así como el análisis sólo puede realizarse cuando el enfermo desciende de las abstracciones sustitutivas a los pequeños detalles. La discreción no se concilia, por lo tanto, con la exposición de un psicoanálisis; se necesita volverse un mal sujeto, transformarse, renunciar, comportarse como un artista que compra pinturas con el dinero del gasto de su mujer, o que hace fuego con los muebles para que no sienta frío su modelo. Sin un poco de esa calidad de malhechor no se obtiene un resultado correcto.” (el destacado es mío)

Esta cita permite ubicar lo que muchas veces se entiende por excentricidad, locura, extravagancia, sea tanto como justificativos o como acusaciones cuando un miembro “normal” de nuestra sociedad se refiere a un artista o a alguien de genio.

La anormalidad del hombre de genio nada tiene que ver con algún concepto médico. Se vincula con la pulsión que irrumpe en el artista, músico, poeta, escultor, pintor, de llevar adelante su obra. De construir ese objeto que crea nuevos espacios de sentido. ¿De dónde surge esa pulsión? Esa es la pregunta por la causa. ¿Qué causa al artista? ¿Los humores, la locura, los dioses? .

Pero si habíamos dicho que el artista no está fuera de lo humano, entonces podemos pensar que lo que irrumpe no es algo diferente a lo que le ocurre a cualquier mortal. La pregunta sería: ¿qué lo lleva a ese estado ekstasis, de furor, de estar fuera de sí? Sin dudas, no otra cosa que las pasiones. La cólera, el entusiasmo, la inspiración, son palabras todas vinculadas por el mismo origen etimológico. Esas pasiones, que se pueden leer como locura, son las que llevan a la construcción de ese objeto que devendrá obra de arte y que recaerá sobre aquel que la hizo, para transformarlo en artista, en autor. Porque el artista crea la obra, y la obra crea al artista. La anormalidad del creador no es otra que estar por fuera de la norma, de la media estadística, y en eso se emparenta con el loco en el sentido médico del término, pero no es la locura la causa de la creación en el arte. Su anormalidad se vincula con la necesidad de construir ese nuevo objeto que interpelará a aquellos que sean los receptores de ese arte.

La pregunta que queda pendiente es qué es el arte.


*Imagen de portada: “Café Arles”, de Van Gogh.

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