Yo no quiero estar atado a nada

 

Si la música forma parte fundamental de la cultura, asumimos entonces que el poder de una canción traspasa las generaciones. Las letras de ayer se convierten en un arma poderosa que genera memoria en los jóvenes de hoy; y las de ahora, en un recuerdo a futuro mucho más fuerte para quien no lo haya vivido, una foto para siempre en forma de algo auditivo. Sin embargo, pareciera que pocos se atreven a llevar esto a cabo. Entrecruzando cultura y política, descubrimos que en verdad, están ligadas desde el momento cero. ¿Cuál es entonces el lugar que ocupa el músico como comunicador social?

por Laila Mason

Para los cantores de antes

Los amigos del barrio pueden desaparecer, empezaba a cantar Charly tras sólo escuchar durante treinta segundos un piano, que al sonar, parecía ser una alfombra que se desplegaba a lo largo de un pasillo sin final. No entendía mucho, de hecho, no entendía nada, pero sí sabía que esa no era una simple canción más. Charly cantaba, yo repetía letras que no entendía pero sabía casi de memoria porque sonaban una y otra vez y papá lloraba. ¿Por qué lloraba papá? No sabía, pero asumía que cargaba con esa emoción de que la música que suena te hiele la sangre y te acelere el corazón, sólo por lo que es: música. Al menos eso creí hasta hoy.

Hace tiempo comprendí por mi cuenta que “Los Dinosaurios” habla de mucho más que criaturas que ya no existen (qué ironía, ¿no?), pero no hace tanto recordé aquella escena y entendí aún mejor. Papá lloraba no porque el piano o la voz fueran emotivos. Lloraba porque esos dinosaurios no eran ni habían sido parte de un cuento que le contaba mamá, ni “Alicia en el País” la pasaba de maravillas, más bien todo lo contrario. ¿Y cuánto habría hoy de nosotros si no pudiéramos tener memoria a través de una canción?

Llagas y canciones nuevas

Si bien son muchos quienes hoy se animan a hablar de cuestiones que durante mucho tiempo parecieron callarse, aún parece existir una gran cantidad de artistas reacios a la hora de hacer mención a ciertos temas.

Desde el 1 de agosto hasta el 20 de octubre, Santiago Maldonado estuvo desaparecido, luego de que durante una protesta en la comunidad mapuche Pu Lof, Gendarmería irrumpiera en el lugar y no se supiera más nada de él. Casi tres meses después, son innumerables los músicos que se han hecho eco de la noticia: desde El Plan de la Mariposa ante un teatro Vorterix agotado, hasta Fito Páez, fuera de Buenos Aires, cambiando una estrofa de su canción para preguntar: “¿dónde está el pibe Maldonado?”, o el mismo Jorge Drexler, que de visita en nuestro país se tomó unos minutos para interrumpir su show y hacer mención a lo ocurrido. Pero, muchos otros, quedaron en silencio. No es obligación de ninguno levantar una bandera que tal vez no les interese, pero, ¿es realmente así? ¿O no hablan porque aún está la idea de que un artista no debe ligar su música a lo que pasa a su alrededor?

“La definición de política es confusa porque se confunde con lo partidario. Creo que los hechos artísticos o culturales que más me emocionan son los que enfrentan contextos y proponen una transformación”, dice Pepo San Martín. Quien lleva la voz en Científicos del Palo, banda con casi dos décadas de trayecto en el mundo de la música, tiene bien en claro que la cultura y la política se cruzan, y que más que una simple afirmación, es una realidad.

“Un artista lo que hace, aún inconscientemente, es reflejar un contexto, dónde está. Si vos contás algo de tu barrio ya estás hablando de un funcionamiento social, estás hablando de política. Lo que pasa en tu casa está teñido de política”, afirma José San Martín.

La historia argentina parece atravesarlo ya desde su apellido, pero ese es apenas un dato curioso, si tenemos en cuenta que nada lo une al libertador, más que una canción que le escribió, perteneciente a La histeria argentina, disco en el que el trío relata desde La Revolución de Mayo hasta el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

Por su parte, Fede Schujman, cantante de Sambara, aporta: “no podemos ser jóvenes viviendo en la Ciudad de Buenos Aires y pintar panoramas color rosa, mientras a nuestro alrededor suceden desastres de todo tipo. Eso no significa que uno sea oscuro o desesperanzado. Hay esperanza, el arte es un canal de transformación pero tampoco se puede ser hipócrita”.

Así, con las llagas bien abiertas, todavía son muchos los que usan la canción como protesta y transforman el arte y su manera de expresarse en algo más que una prosa.

A los cantores que ponen el pecho

Fueron meses movidos para la música nacional. Unas horas antes de la llegada de la primavera, una ola de denuncias por abuso y acoso sexual a diversos cantantes de la escena actual dejó a más de uno sorprendido. La producción del BA Rock, por ejemplo, decidió bajar de su grilla a Salta la Banca, quienes fueron los principales acusados. Pero, a pesar de los reclamos de muchos, si algo reinó fue el silencio en el ambiente musical. Fueron contados los colegas que salieron a hablar del tema, o a repudiar dichos actos, y la pregunta es otra vez: ¿por qué?

Al respecto, Fede acota: “el silencio es una forma de complicidad. Y lamentablemente somos parte de una generación de artistas que fuimos educados para hacer silencio frente a este tipo de problemas. Nos hicieron creer que está por encima cuidar tu lugar y tus relaciones que decir lo que pensás. Frente a esto yo me pregunto cuál es el valor de dedicarse al arte, de entregarse a la creatividad y hacer de eso un canal, si no vas a decir lo que pensás. Realmente no lo puedo entender. No puedo creer cómo jóvenes de veinte o treinta años eligen callarse y, en definitiva, ser cómplices”.

En conjunto con su hermano Ariel, escribieron al respecto una pequeña reflexión, donde se encuentra el siguiente fragmento: “en los últimos meses salieron a la luz una importante cantidad de casos de violencia de género ejercida por músicos. Estos hechos nos hacen sentir vergüenza de formar parte de una cultura machista repugnante a la que ha sido ligada nuestra actividad como trabajadores de la música y particularmente en el ámbito del mal llamado ‘rock’”.

¿Qué los lleva entonces a callar? En esta oportunidad no puedo contar con la respuesta a esa incógnita, pero elijo cerrar este párrafo con un pensamiento compartido de Pepo: “yo quiero que el artista sea sincero. Pensar en que alguno calla porque al público no le puede gustar es un poco choto. Vos hablá, yo después elijo si a mí me gusta o no”.

Es un paso grande en la ruta de crecer

Entonces podemos decir que es momento de estar atentos a lo que transmitimos más que nunca. No sólo los músicos son comunicadores, nosotros, desde las palabras, en nuestra página personal, en las charlas cotidianas cara a cara, somos también encargados de aportar nuestra visión del mundo y compartirla con los demás. Todos tenemos algo para decir, algo para aportar, y algo para aprender. En un mundo -y particularmente en un país- donde la cultura parece estar dormida, es el momento de salir a despertarla, y mostrarle a los otros que no tiene que dar miedo afirmar que, junto con la política, van de la mano. Son dos universos que parecen distintos, pero que se chocan y se nutren mutuamente de forma constante. El mayor desafío será aceptarlo y, a su vez, poder transmitirlo.

 

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