Las posibilidades de imaginar

Un nuevo disco a punto de ver la luz y la pregunta por las raíces. El arte y su potencial transformador. Contrastes, subversiones y deconstrucciones. Una conversación con el Ensamble Chancho a Cuerda, a once años de su nacimiento.

por Pablo Boyé

Ruido: asfalto, tumulto, movimiento, banderas. Una plaza. Ahora el gentío se disgrega con la certeza de que si tan sólo un día ya es demasiado, entonces un mes… no tenemos palabras para definir el horror. Tiempos de resistencia. De encuentros, de poner el cuerpo. De darlo, pero no como una carcasa vacía, sino con todo ese revoltijo de emociones y pensamientos y convicciones que viene adentro. Tiempos de amar, también, y mucho, hasta agotar las posibilidades.

Lejos de la plaza, en otro punto de la ciudad, sucede otro tipo de encuentro, igual de necesario. Pero nuestros planos se bifurcan: hablamos entre nosotros de música en vivo y el disco que se viene mientras nos llegan los ecos de una salvaje represión, Café Vinilo y Plaza de Mayo, el arte y la política, la potencia de la música y la impotencia que genera el dolor. Todo eso aparentemente aislado entre sí explicita su vínculo cuando los siete integrantes del Ensamble Chancho a Cuerda detienen su show para, durante alrededor de un minuto, poner sus celulares frente a los siete micrófonos y llenar la sala con el ruido -asfalto-tumulto-movimiento-banderas- de lo que había sucedido aquella jornada, primero de septiembre, en plazas de todo el país, y la pregunta: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Ruido.

Tiempos de resistencia

“En este nuevo disco, y en los anteriores también, está presente el tema de la resistencia; y nos preguntamos, aunque no sé si encontramos muchas respuestas, cuál es el vínculo del arte con ella, con la política y con las luchas”, dice Nicolás Rallis. Los vínculos son muchos y pueden darse de distinta manera, desde abrir el año tocando en un escenario levantado sobre vallas policiales para acompañar la lucha de los trabajadores de AGR-Clarín, hasta la forma de encarar la propuesta estética del grupo: letras, arreglos, el diálogo construido entre autores y tradiciones diversas.

-Hacer arte hoy en Argentina requiere de una resistencia, y no en un sentido de víctima. Sin dudas, el arte es necesario para que exista todo lo demás, para que no se desmorone completamente todo.

Julián Galay reflexiona, mastica lento cada idea. Nicolás Rallis agrega que la resistencia podría pensarse, incluso, en términos más amplios, al sistema capitalista. Y aunque la risa aparezca porque pareciéramos estar cruzando los límites de lo posible, hay algo en ese planteo que no deja de ser urgente. “El arte te da la posibilidad de dudar de la realidad, de pensar mundos diferentes -continúa Galay-. Parece muy banal lo que digo, pero tener la posibilidad de la imaginación y de poder pensar distintos futuros, es muy importante. Entender que la vida no es una, que la realidad no es una, que los límites no son tan claros como se plantean”.

La música no es una y tampoco hay una única forma de abordarla. Chancho a Cuerda, a su manera, abre nuevos mundos; en su música coexisten lo académico y lo popular, lo incómodo y lo bello, autores reconocidos por la tradición, composiciones nuevas, improvisaciones libres y dirigidas. Hay allí un gesto político, una búsqueda de deconstruir lo establecido, de subvertirlo; la forma también hace al contenido, y ellos lo saben muy bien.

La palabra sensible y la máquina

Galay cita de memoria:

-John Cage dice: “el mundo es horrible, pero cuando uno dirige una obra con un montón de personas tiene una posibilidad, en ese pequeño micromundo, de hacer funcionar el mundo como uno quiere que funcione”. En ese sentido, para mí, es muy importante poder tener un grupo de siete personas, durante siete años, donde no hay un líder. Todo eso es una construcción, ¿no? Donde esa horizontalidad requiere pensar constantemente en el otro, en uno; hay un trabajo activo, colectivo, que me parece importante para la vida cotidiana.

La vida cotidiana son los ensayos, dirá Manuel Rodríguez Riva. Se dan dos veces por semana, entre cuatro y cinco horas por día; espacio históricamente reservado para encontrarse y darle vida al proyecto.

ECC en Doctor F 8 - 2016 - Franz Jacques Toriglia.jpeg

“Somos siete”* es una frase que surgirá todo el tiempo. Siete músicos jóvenes -no superan la treintena- que componen, arreglan y desde hace once años construyen un lugar que, a la vez, los sintetiza y les demanda constantemente. Quizás por ello, a la vista y al oído, por momentos uno podría pensarse frente a una maquinaria precisa. Sin embargo, por entre el circuito de lo planificado racionalmente, se cuela siempre lo emocional. “Lo logramos es: emocionamos”, plantea Nicolás Rallis.

-Siempre estamos buscando el equilibrio en la vida cotidiana de Chancho -cuenta Rodríguez Riva-. Decimos: “vamos a ser súper puntuales”. Y después está la otra parte, nos empezamos a dispersar. Pero ese disperse también es parte de la música. Somos muy urbanos.

Lo racional y lo irracional se conjuga ya en el nombre del grupo que alguna vez pretendió llamarse “La chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos”. Hay algo de “pulpo mecánico”, dice Julián Galay al respecto, pero inmediatamente agrega que “después está la otra parte muy humana, por ejemplo Tute cantando ‘Nocturna’. Me parece que lo interesante se da cuando podemos generar cierto diálogo entre orden y caos. Cuando estamos buscando un arreglo en una composición, nos ponemos en un lugar sensible en el que estamos buscando dónde vibra y dónde no”.

Encuentros inesperados

Entre el escenario y el público existe un panel invisible, traspasarlo quizás sea lo más difícil a la hora de dar un concierto. En Café Vinilo, Chancho a Cuerda lo hace pedazos desde el primer momento. La conexión se establece. ¿Los mecanismos para lograrlo? El primero que aparece en la mente de Julián Galay es “el compromiso total con lo que uno hace”, porque “cuando uno deja todo y pone el lugar donde a uno le resuena, quizás a un otro eso también le va resonar. Hay algo ahí de la complicidad que se genera”.

ECC en Doctor F 9 - 2016 - Franz Jacques Toriglia

Ni los shows ni los discos de Chancho a Cuerda están pensados como mero entretenimiento. Dice Rodríguez Riva: “hay una búsqueda de no hacer un concierto liviano para el oyente, que sea una propuesta que interpele, que te movilice, pero que sea con cierto cuidado”. Galay completa diciendo que la idea también es “cuidar al que está escuchando y no molerlo a palos, que también podría ser y no estaría mal”.

Propiciar un espacio de encuentro cuidado que también pueda incomodar, en el mejor sentido de la palabra; aunque eso también implique que alguien pueda desconcertarse ante la mención de Santiago Maldonado a mitad de un espectáculo musical. En algún punto, el show en vivo puede constituirse como un acto de resistencia a ciertos pensamientos y formas establecidas, si la búsqueda va más allá de simplemente divertir: “la música en vivo -dice Nicolás Rallis- es un acto de presencia muy importante, y todavía sigue siendo un espacio a defender, un espacio de encuentro real”.

El “eclecticismo involuntario” del Ensamble Chancho a Cuerda posibilita que el otro, el oyente, se posicione en un lugar diferente. La canción aparece entremezclada con el tema instrumental de seis, siete, ocho minutos. No son muchos los que están habituados a esto, sin embargo pueden suceder cosas si se dejan a un lado los prejuicios, si se tiende eso lazo de afinidad entre quienes están arriba y abajo del escenario. “Eso, a mí -dice Galay- me parece muy lindo, muy importante. Que no sea una música de nicho. Genera encuentros inesperados”.

Ruido urbano

Julián se para a buscar un cuaderno. Lo abre y en sus páginas aparecen una serie de palabras, dibujos. Los conceptos que engloban al nuevo disco de Chancho a Cuerda -sucesor de Contrastes (2010), Subversiones (2012) y Deconstrucción (2014)- terminó de cobrar forma un día en que habían grabado maquetas y se cortó la luz del estudio. Escucharon los temas, con una pila. Cada uno anotó palabras de las cosas que les resonaban y las pusieron en común.

-Hay un concepto que tiene que ver con ese contraste, con la idea de la ciudad como ecosistema en sí mismo. Y ese diálogo entre lo que uno por ahí rápidamente piensa como lo natural y lo urbano. También hay una concepción de que muchas veces nuestra naturaleza es el asfalto, los colectivos, los edificios gigantes -relata Galay. El recitado de Rallis en “El Pacha”, de Agustín Lumerman, lo explicita de algún modo, “nos unifica -dice Rodríguez Riva-, es como eso de hacer un pozo en el asfalto, buscar las raíces”.

Si con Deconstrucción ya habían pensando el estudio como un instrumento más, ahora llevaron esta idea mucho más allá. “Se nos disoció el tema del vivo y el tema del estudio”, admite Rodríguez Riva. Muchos violines, muchos clarinetes, muchas sobregrabaciones. Muchos invitados, también. Algunos temas incluso terminaron de componerse en el mismo estudio de grabación. “Es un disco que va un poco más para afuera. Son unas sonoridades grandes, hay muchos instrumentos, también hay mucho ruido, muchos sonidos ambientes, grabaciones que hicimos nosotros”, explica Galay.

La transformaciones en el sonido de Chancho a Cuerda se deben, en parte, a las múltiples experiencias que han tenido compartiendo músicas con otros artistas, como son Benjamin Taubkim, Alessandra Leão, Fattoruso, Leo Masliah o Liliana Herrero, entre muchos otros.

-Si Chancho -reflexiona Galay-, como ser grande, no se metamorfosea, no se transforma y no se adapta a las individualidades y a las diferentes realidades de cada uno y del grupo en sí mismo, sería algo inerte, se quebraría enseguida, sería algo muy duro. Para tener esa flexibilidad hace falta todo el tiempo estar cambiando y estar haciendo lo que queremos, porque si no hacemos lo que queremos acá, ¿dónde?

Ese acá es un espacio que se construye día a día. La autogestión los interpela como una necesidad, pero esa necesidad los pone en el lugar de poder decidir desde el papel que va tener un afiche, hasta con quién trabajar la prensa del grupo, “si es con alguien en el que confiás y con quien venís laburando y discutiendo y construyendo política y estéticamente desde hace años, o si es de golpe pagarle a la prensa más cara que hay”.

-Hay un desafío de resistir a la producción medio en línea de montaje, en cuanto a las cosas que hacemos, que producimos -dice Nicolás Rallis. -De poder hacer algo que realmente sea personal en este colectivo, pasado por este grupo. Donde realmente podamos decir algo con voz propia.


*Son el Ensamble Chancho a Cuerda: Manuel Rodríguez Riva (clarinete, clarón y armónica), Lautaro Matute (guitarra, guitarra eléctrica, y voz), Nicolás Rallis (guitarras, ronroco y voz), Joaquín Chibán (violín), Julián Galay (bajo eléctrico y bajo acústico), Nahuel Carfi (piano, órgano, sintetizador y voz) y Agustín Lumerman (batería y percusión).
**Imagen de portada: Guadalupe Docampo – Sebastián Infantino.
***Las fotos que ilustran el cuerpo de la nota fueron tomadas por Franz Jacques Toriglia, durante la grabación del cuarto disco de Ensamble Chancho a Cuerda en Doctor F.

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