Volver al -nuevo- origen de comunicarnos

La era digital, para los músicos, afectó mucho más que sólo la manera de editar y distribuir sus discos. Su incidencia también se da en los procesos creativos, las formas de relacionarse con sus públicos, en las sensibilidades de los oyentes y las formas de escucha. Una nota que indaga esta cuestión, cruzando miradas con algunos de sus protagonistas.

por Laila Mason

Cuando pensamos en la relación de la música con la tecnología digital, tal vez la primera idea que se nos venga a la cabeza sea la de la pérdida de valor del disco físico, a partir de la aparición de nuevas plataformas digitales que facilitan la libre descarga o la escucha de un disco en cualquier lugar. Visto así, podríamos iniciar un debate entre si estas nuevas formas de escuchar música fueron a favor o en contra del artista, pero la cuestión parece ser mucho más profunda. La nueva era trajo consigo no sólo nuevas formas de escuchar, sino también de grabar, componer, y hasta difundir.

No “estar en”, sino ser el movimiento.

El revival que en el último tiempo ha tenido el vinilo parece haber llegado para quedarse. Cada vez son más las bandas que, ante la salida inminente de un nuevo disco, deciden editarlo también en este formato. Además, las reediciones de clásicos del rock nacional parecen estar a la orden del día, y los melómanos no dudan en iniciar una nueva colección. Pero, ¿cómo es que a raíz del renacimiento de un formato que parecía olvidado para la nueva era digital, cada vez se ve menos la edición física de los nuevos discos?

La facilidad con que hoy se puede acceder a la música, sobre todo de manera gratuita en internet, ha ido desplazando de a poco al ritual de sentarse, poner un disco, y disfrutar de él y el sonido meticuloso que el reproductor nos ofrece. Ojo, con esto no decimos que ya no existe, claro que somos muchos los que todavía lo practicamos, pero pareciera que hoy en día la mayoría disfrutara más de la comodidad que plataformas como BandCamp, iTunes o Spotify nos ofrecen, para desplazarnos con los oídos conectados a otra realidad. El mundo está cada vez más ajetreado, la ciudad no da respiro y tal vez el cambio se origine un poco ahí: ya no hay tiempo de sentarse a escuchar en casa, la rutina es cada vez más voraz y la manera de todavía poder llevarla es con la música en movimiento a la par nuestra.

“Las nuevas tecnologías han cambiado la manera de escuchar música, las nuevas generaciones escuchan más playlist que otra cosa”, dice Superchería, banda que lleva 10 años recorriendo el camino de la independencia e intentando ser novedosos en cuanto a su música y los formatos elegidos para editar sus álbumes: desde una estatuilla de su logo con un código de descarga del disco que incluía material extra, hasta Faros, su material más reciente, que fue un fanzine, con su también respectivo código de descarga y material adicional. “Aunque no estén disponibles en el típico formato CD, lo importante es que la música llegue adonde tiene que llegar”, afirman.

Ignacia, por su parte, lleva editados tres discos de manera independiente: Mis Manos, Salta, y Alud. Agrega al respecto que “el disco físico perdió valor y es un hecho, pero nos lleva a repensar las formas. Podemos subir un disco a internet y sigue siendo un disco; me parece que tiene que ver justamente con la posibilidad de generar contenidos fuera de estructuras discográficas. Que un disco de un artista independiente tenga la misma cantidad de escuchas que uno de una banda que tiene un sello atrás, pone alta la vara para todos”.

Lo digital, entonces, lejos de producir sólo efectos negativos (como puede a veces hacerse ver), también conlleva un desafío personal por parte de los músicos en el que deben transformarse las ideas y las maneras de hacer, en este caso desde lo creativo. Es un proceso de búsquedas que pasan no sólo por lo musical, sino por un todo que lleva a plantearse cuáles pueden ser ahora las formas de generar contenidos que estén más allá de lo clásico y puedan adaptarse a esta nueva etapa.

La idea es eternamente nueva

¿La era digital mete la cola en las maneras de componer de un músico? Si bien el material que se embarca en internet queda navegando en ella para siempre, lo cierto es que el tiempo en que se mantiene a flote como algo relativamente nuevo es escaso. A raíz de esas medidas de tiempo, se genera la necesidad de tener continuamente alguna novedad para mostrar.

León Rogani lleva casi diez años transitando la autogestión y el sendero de la música. A veces en formato solista, otros acompañado de su banda, cuenta con tres álbumes: El Amor en los Tiempos del Call Center (grabado en la habitación de una casa), La Invención de la Noche y Desatamundos I. Y nos dice: “en mi caso puntual de cantautor, las nuevas tecnologías ayudan en el sentido de que uno tiene todos los instrumentos a mano, y te da posibilidades infinitas de ir adornando las canciones o programando baterías sin tener a un músico al lado. Se puede trabajar previamente a solas, en una computadora, y luego ir a la sala y hacerlo con una banda”.

Infinitas ideas pueden surgir en la cabeza de un músico, y los programas que hoy podemos tener en la computadora nos permiten una facilidad que antes era impensada: crear material en la soledad de una habitación, sin la necesidad de contar con terceros que lo hagan con nosotros.

A su vez, hoy las apuestas van más por el lado de lo inmediato, de no buscar un CD de larga duración que luego quede escuchado por la mitad, sino tal vez a una canción, dos, o tres, que puedan ser lanzadas y escuchadas en el momento. “Es posible que, de alguna manera, a la hora de componer el artista piense en la canción como una isla donde los escuchas puedan trasladarse temporalmente, y no como parte de un paisaje dentro de un gran continente, que sería el álbum”, comenta Superchería.

Esta forma de pensar deja entrever que todo el tiempo se necesita material nuevo para poder mantenerse activos y, así, renovarse constantemente. ¿Qué más mantiene a un artista en actividad que el fluyente caudal de ideas?

Hazte fan

Por suerte, entre las cosas más favorables de la era 2.0 podemos hacer énfasis en cómo sin depender de grandes productoras, managers, prensas y medios de difusión masiva, hoy el artista tiene la venta al alcance la mano. No tiene garantizada la llegada al que esté del otro lado de manera fácil, pero tiene todas las herramientas para hacerlo. Hoy la red social del reconocido Zuckerberg permite promocionar una publicación y, en base a las elecciones de quien la realiza, elegir a qué público se desea llegar, de qué sector y de qué rango de edad. Lo que es la tecnología, ¿no?

“Desde que empezamos como banda las redes sociales formaron parte de un eslabón clave a la hora de promocionar eventos, shows, discos, etc. Nosotros no contamos con la maquinaria de un sello que esté detrás y siempre tuvimos que valernos por nosotros mismos, y podemos decir que el resultado siempre ha dado positivo. En algún punto hoy todo se ve por el ojo de las redes sociales”, opinan al respecto los Superchería.

Ignacia también brinda su visión: “lo de las redes sociales hay que pensarlo no como una venta, sino como compartir, con la intención de generar comunidad desde cada uno de los proyectos musicales. Cada uno tiene un público, un estilo, una ideología, un espíritu. Me parece que sirven para generar vínculos con los seguidores, para acortar distancias, no para generarlas. Las redes me permiten comunicar todo el tiempo lo que estoy haciendo sin tener que escribirle a uno por uno. Es compartir, no venderse, eso sería ponerse en otro lugar. Hay que comenzar a cambiar el paradigma. La música y las expresiones artísticas tienen que ser medios de comunicación y puentes, no solamente objetos para vender o de consumo”.

León, por su parte, asume que los músicos independientes deben estar atentos a todo, y aporta: “las redes sociales juegan a favor como una herramienta de difusión, pero sin dudas es un trabajo extra el hecho de pensar en cómo ser más atractivo, o en herramientas de publicidad para la música. El músico independiente tiene que ser de repente un poco publicista, manager, CM, todo junto. Sin dudas es un trabajo adicional, pero es lo que uno debe hacer si abraza el camino de la autogestión”

Desde mi experiencia, muchas de las bandas que hoy conozco y que más sigo las conocí gracias a los espacios brindados en internet. El disco subido a YouTube que varios de mis contactos de Facebook comparten, la canción del día elegida por algún medio digital o, una letra que me llamó la atención leer en Twitter, googlée y ahí estaba.

Las redes sociales son un universo infinito casi paralelo donde, a apenas un click de distancia y ganas de sumergirse en él, un mundo entero de música nueva nos espera, sólo es cuestión de saber dónde buscar.

Cerrar el juicio

Si le hiciéramos caso a Drexler, deberíamos cerrar los ojos y, así, por un instante, entender que la música enseña, sueña y también duele, pero lo más importante: cura. ¿Qué importa entonces cómo y cuál sea la manera de reproducirla? El tiempo avanza, la tecnología también, y con ella, se van creando nuevas formas. Lo trascendental será dejar de lado el prejuicio y abrir los oídos a un universo que se renueva día a día.

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