Esperando un nuevo temblor

Un recorrido por la historia de la industria del audio que llega a nuestros días: la era digital. Paradigmas que cambian la historia y se renuevan. Lo industrial y lo artesanal. Maxi Forestieri vuelca en este texto su mirada sobre el rumbo que toma hoy la producción musical, en lo que resulta una síntesis de dos conversaciones, la primera con Leandro Lacerna, la segunda con Lucas Gómez.

por Maxi Forestieri

En un principio, era la música.

La música era considerada un lujo en la sociedad y aquel que tenía acceso a ella se posicionaba en un estrato social superior. Al no existir reproducción, por la falta de medios de almacenamiento, la música era un servicio.

El crecimiento vertiginoso de la producción musical comenzó por los años cuarenta, con la invención del vinilo y la grabación magnética a cinta abierta. Más tarde, en los años sesenta (podríamos decir: de la mano de grandes artistas y productores), se revolucionó nuevamente la industria con un combinado de herramientas mejor desarrolladas, a disposición de los pocos estudios de grabación que existían, como fue la implementación del sistema estéreo de reproducción y todas la transformaciones a nivel sonoro que trajo a la música. Esta fue una de las intervenciones avanzadas de la industria del audio en nuestra era corriente, ya que el sistema estéreo abrió una gran cantidad de posibilidades sonoras, pudiendo localizar elementos en el plano horizontal.

Luego, llegaron más avances, como las consolas de grabación de mayor cantidad de canales, fabricadas para poder registrar  más capas y hacer que la música grabada pueda llegar a otro nivel de desarrollo y se vea sumamente beneficiada por éstos avances.

Y entonces, llegó el audio digital.

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La industria del audio creció a través del tiempo hasta llegar a su siguiente estación:  la creación y masificación del audio digital,  a partir del cual se abrieron nuevas puertas y horizontes, con la pulcritud y portabilidad de lo digital como principal estandarte. Este momento, a la mitad de los años setenta, es el que da el pie para llegar a la situación en la que estamos parados hoy en día, en donde podemos grabar un disco de larga duración en una habitación con una computadora, una placa de sonido, auriculares y un micrófono.

Esto ha abierto el plano a muchísimos artistas que, en la actualidad, han explotado la internet de contenido musical, contenido que antes sería imposible de conocer, no sólo por no tener acceso a un medio común global como internet, sino porque para generar contenido era necesario recurrir a las empresas discográficas, las que de alguna forma funcionaban como curadoras de ese mismo contenido.

Pero lo digital no sólo ha abierto el plano a los músicos, también la producción musical ha gozado de una transformación que abre muchas puertas desde el desarrollo técnico de la grabación y la mezcla de canciones, y nos encuentra experimentando caminos que antes no estaban explorados. Creo firmemente que tener un software emulando equipos sumamente costosos, por el 10% de su valor, nos permite a los técnicos y productores llegar a resultados antes impensados por profesionales antecesores. Algunos ejemplos de estas nuevas tecnologías pueden ser el procesamiento digital del mundo de los plug-ins (software de procesamiento de audio), el almacenamiento portátil de archivos o equipamiento de grabación de bajo costo y excelentes prestaciones.

Sin embargo, esta portabilidad y posibilidad de procesamiento en serie, trae también algunas variantes que pueden ser contraproducentes para con la música, limitando su libre expresión y desarrollo.

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Según Lucas Gómez, “la tecnología permite multiplicar la productividad en serie, cumpliendo con normas requeridas por la industria. El uso ingenioso de las herramientas y de sus patrones de combinación son un sistema de desarrollo operativo, no la invención misma”.

Está claro que las nuevas tecnologías y la tendencia de cómo aplicarlas no son responsables en sí mismas de que exista un estándar y varas generales que son aplicadas con más rigor en ciertos estilos musicales, sino que es el remanente de aquellas grandes compañías que de alguna forma bajan línea artística; y todos los aspirantes a ser parte eligen seguir ese estándar.

Al mismo tiempo, así como contamos con esa vertiente industrial, también existe otra forma de expresión auténtica y genuina que utiliza todos los nuevos recursos a favor de la artesanía y la identidad.

En relación a esto, Lucas Gómez nos da su visión expresando que lo “artesanal es fruto capaz de hacer, reflejar y representar antropológicamente al hombre. Lo identifica conteniendo patrones de existencia, posibilitando la extensión y desarrollo de la especie, una cita permanente al origen, a la vida misma”. Por su parte, Leandro Lacerna, exitoso productor mendocino, a partir de su enfoque sobre el uso de herramientas y su forma de trabajo, nos comentó que la suya es “una forma de trabajo personalizada que le propongo al artista, pero si hay que romperla, se rompe.¨

Por lo tanto, si sumamos las nuevas herramientas disponibles y el uso criterioso y original, podemos obtener resultados como los que se están viendo en la música under mundial. Que se dé esa combinación nos acerca a lo más preciado y buscado de la producción musical, el arribo a una estética sonora única. Aquella búsqueda en la que se intenta sonar con identidad y peso propio, y que enriquece las arcas de la creación humana.

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Podemos arriesgar: sin estas nuevas tecnologías, el acercamiento entre el músico y la concreción de esa estética sonora se haría mucho más inalcanzable. Lacerna nos expresa su visión al decir que “el acceso a las herramientas, previo al proceso discográfico, es lo mejor que puede pasarle al músico, facilita la comunicación y es el momento predilecto en el que se establece la estética sonora”. Desde otro enfoque, Lucas Gómez complementa su mirada: “los vínculos humanos extendidos a lo largo del tiempo tienen frutos y manifestaciones constantes que son registrados, no sólo en el estudio, y logran ampliar el contenido de las obras de manera notable”; es decir, no sólo se trata de obtener acceso a las herramientas de forma anterior al proceso discográfico, sino que también el vínculo humano que se desarrolla entre los componentes del equipo de trabajo es fundamental.

Así y todo, quizás cada vez estemos más lejos de la confrontación entre lo humano y lo tecnológico. En esta línea, la mirada de Lacerna resulta más que interesante:

-A diferencia de hace diez años atrás, ha dejado de ser el centro del debate la tecnología en sí. La tecnología no está determinando a la música. Está determinándola menos. Antes, los discos grabados en una casa sonaban como medio digitales, y los discos en estudio sonaban más cálidos. Hoy, es una ensalada. Radiohead me parece un ejemplo muy interesante. A la persona que lo escucha le está llegando un disco que tiene lo mejor de los dos mundos, porque está tocado por los mejores músicos pero está editado de una manera que suena electrónica y con todos instrumentos orgánicos, entonces es súper inteligente, hicieron al revés. En vez de decir ‘hagamos un disco con samplers y herramientas artificiales’, rompieron el tema de la máquina versus humanos, y eligieron integrarlos. Romper con los prejuicios”.

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Por suerte, este es sólo el comienzo y nos cuesta imaginar qué nos deparará el mundo de acá a diez años. Frente a ésta incógnita, Leandro nos expresó:

-Cuando empecé a trabajar en Mendoza, pude ver que de ese momento a cinco años en adelante, se venía un cambio de paradigma con respecto a la imagen de los estudios de grabación tradicionales. Y creo que se fue dando y estos mismos pudieron adaptarse a ese nuevo paradigma. Y de acá a diez años, creo que se va a seguir profundizando ese cambio de paradigma, que nos encamina hacia poder encontrar esa búsqueda sonora desde mucho antes en nuestra carrera”.

Lucas, por otro lado, comparte que:

-La tendencia está de manifiesto, hay dos corrientes paralelas vigentes: por un lado el progresismo globalizado, dueño y administrador de una base de datos individual, materia prima para la elaboración de expresiones y reflejos concretos, objetiva y subjetivamente, tanto en términos de verdad como de ficción literaria y textual, de la conciencia y del inconsciente. Allí, lo trascendental será el material que aportemos a nuestro perfil por medio de la vida concreta y el pensamiento que se enlace a los sentimientos y al espíritu reflejados en este espejo inmaterial de diseño artificial. Y por otro lado, la tendencia de conservación a las tradiciones elementales, comunes y vinculares, la que persiste viva desde hace miles de años como la palabra, el canto, la escritura, la mirada, el tacto, el perfume que caracteriza a cada encuentro como real y único, fuentes de inagotable inspiración que siempre irán tras aquel utópico intento de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.

No nos quedará, entonces, más que seguir disfrutando de este fructífero camino, y seguir completando nuestro legado artístico en este mundo, haciendo uso de todas las herramientas a nuestro alcance, intentando llegar a esa única e irrepetible estética sonora, desmitificando la naturaleza de la herramienta y dando prevalencia a lo original y eterno de la creación musical.

Así y todo, la incógnita aún persiste al cuestionarnos: ¿cuándo llegará un nuevo temblor que sacuda la forma de hacer y producir música?

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