Desembarco

Invitamos al músico Ariel Naón, quien el año pasado llevó adelante junto a Liliana Herrero y Pedro Rossi dos clínicas sobre Música y Memoria, a pensar con nosotros el vínculo entre ambos elementos. ¿Cuál es la importancia de pensar esa relación? ¿De qué manera entender el diálogo con la tradición, a la que muchas veces se ubica en el pasado, pero que nos habla en el presente? ¿Cuál es el rol del intérprete, del artista y, si es que existe, el potencial transformador en la música y la canción? Estas fueron algunas de las preguntas planteadas. La respuesta llega en forma de una reflexión personal, íntima, sin dejar de lado las vivencias propias y las emociones profundas, en donde el músico también nos invita a problematizar sobre algunos puntos clave.

por Ariel Naón

Siento la relación entre música y memoria como un nudo profundo que nos ubica en algún lugar de la historia. Esto, si pensamos por un momento la historia -seguro equivocadamente- como una línea recta. La relación entre música y memoria es, para mí, inevitable.

Me viene la idea de los grandes improvisadores, en géneros como es el free jazz, que se plantean llegar al momento de la improvisación como si uno se encontrara por primera vez con su instrumento, como si jamás lo hubiera recorrido. Lo pienso como oposición: sería algo así como la búsqueda de la “no memoria”. Pero, al mismo tiempo, es muy difícil pensarlos por fuera de una tradición y de una memoria musical y política.

Me interesa la idea de una “sensibilidad” en el músico que lo vuelca a relacionarse con una memoria de manera profunda e inconsciente, inevitable, importantísima, y así generar un alimento nutritivo. Ahora bien, ¿quién podría determinar el “nivel de nutrición”? ¿Es importante determinarlo?

Una cosa es pensar en Yupanqui como una memoria latente y fundamental. Pero también es interesante pensar “Los Violadores”. Me parece fuertísima la idea -en plenos años ochenta, fin de la dictadura- de: “¿y ahora qué pasa? Un, dos, tres, ¡ultra violento!”. Pero andá a convencer de que en esto hay una idea súper fuerte a un tipo que viene de la tradición del folklore, que quizás nació en alguna provincia lejos de Buenos Aires, con otro ritmo interno y claramente otra memoria. Yo no puedo pensarme lejos de “All You Need Is Love”, de Charly, Luis y Fito. En mi barrio, los ríos están todos entubados. Entonces, así me voy convenciendo de que el chiste es con cuánta sensibilidad nos podemos relacionar con nuestra memoria, que a la vez es “La Memoria”. No creo que Eduardo Mateo un día haya dicho: “Ta, agarro a Lennon, a Jobim y a los tambores de candombe y la rompo”. Creo que le fue inevitable y, en contraposición a esto, diría que no encuentro nada en Chayanne ni en Violeta (digo, la que no es Parra).

Pero esa pelea por la conquista de los medios no me interesa. Prefiero la onda Grandma: desembarco y a laburar a Sierra Maestra, a convencer a los pibes de que tienen que ser libres, de cuerpo y alma, verdaderos Revolucionarios. Y en esto, Liliana Herrero es el Che. No conozco a nadie así, por muchas cuestiones. Por ejemplo, Liliana genera el espacio para que yo escriba un arreglo pensando en Gandini, en Charlie Haden, en Klein, en Juan. L. Ortiz, pero después lo tocamos en el Ópera, no en Thelonius. ¿Y por qué resalto el Ópera? La verdad es que pasan cosas más interesantes, a mi entender, en Thelonius o en Roseti que en el Ópera. Pero, pensando en la idea de “desembarco”, no es poco poder hacerlo en grandes espacios con algo más de visibilidad. Liliana es una lupa tremenda para muchos músicos y para muchos que conocen y aprenden a través de su música y sus palabras, entre quienes estuve siempre, aun mucho antes de conocerla personalmente. Y mi revolución interior claramente ocurrió entre los trece y los diecisiete años en el Auditorio del Paseo La Plaza, allá a principio de los noventa, viendo a Pollo Raffo, Guille Vadalá, Javier Malosetti, “Sartén” Asaresi, Monos con Navajas, Alejandro Herrera. Miles. Quizás, podría condensarlos en la figura de “Mono” Fontana. Ahí sí que “todos los espejos de mi corazón se quebraron”. Yo llevo esa bandera. Y gracias a ellos y a mis Maestros, me encontré con este camino que hoy transito, que es personal y que es el camino que a mí me interesa transmitir.

Creo que uno de los grandes legados de la humanidad es la práctica. En la práctica está el gran secreto. La práctica de lo que sea: la música, la cocina, la contemplación; la práctica y la concentración son los máximos transformadores que conocí. La práctica te vuelve íntimo con vos mismo y te relaciona con tu juguete de una manera sagrada, te obliga a relacionarte con la tradición y a ver qué haces con ella.

Practiquemos, entonces, para ser libres. Seamos grandes carpinteros. Conozcamos cada madera de nuestro patio, de nuestro bosque, que ahí hay un montón de respuestas. ¡Practiquemos, compañeros!

 

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