Cuba: otro modelo cultural posible

¿En qué anda la sociedad cubana a casi 60 años de la victoria revolucionaria? ¿Cuáles son las características culturales de la isla en la que la lógica de la ganancia capitalista no es la prioridad? ¿Cuáles son, entonces, las prioridades que el Estado cubano tiene para el desarrollo cultural de su país cuando el beneficio rentable le cede espacio a la justicia social? En diálogo con la periodista y filósofa Nuria Barbosa León, se vislumbra que la alternativa no sólo reside en la ciencia ficción distópica.

por Paula Ghio y Pablo Boyé

“Ser cultos es el único modo de ser libres”
José Martí, 1884.

Una idea o, más bien, una idealización; el paraíso perdido o una utopía irrealizable; a veces, la replicación en clave caribeña del modelo soviético. Se dicen, piensan e imaginan muchas cosas acerca de Cuba. Pero quizá las más cierta y la más simple sea una sola: se trata nada más -ni nada menos- que de la expresión de otra forma de construcción del mundo posible. Otro modelo político, económico y cultural para llevar adelante el desarrollo de una sociedad.

“La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura, cuando una de esas metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura”, expresaba Fidel Castro allá por 1961, en su famoso discurso conocido como Palabras a los Intelectuales, “precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un verdadero patrimonio del pueblo”.

La cultura en Cuba, luego del triunfo de la Revolución, se convirtió en uno de los pilares fundamentales sobre los que se basó el nuevo proceso político y social que cambiaría el rumbo del país hasta nuestros días. De hecho, tres de las medidas iniciales tomadas por el gobierno revolucionario fueron la reforma agraria (que eliminó el latifundio), la reforma de la ley de alquileres (haciéndolos más accesibles) y la reforma integral de la enseñanza. Luego, vino la campaña de alfabetización. Esta última, lanzada en 1961, logró que en menos de un año la isla pasara de ser un país con un 40% de población analfabeta, a tener el 97% de su población sabiendo leer y escribir. A partir de ello, una serie de campañas posteriores ampliaron este proceso cultural permitiéndoles a los ciudadanos que pudieran completar sus estudios en los diferentes niveles educativos.

Sin educación no hay cultura

“El tema cultural en Cuba ha sido uno de los ejes más importantes de la Revolución cubana, a partir de 1959. El gran propósito de la Revolución ha sido ese cambio cultural, en todos los sentidos y reflejado en todas las áreas de la sociedad”, nos dice Nuria Barbosa León. Ella es Licenciada en Filosofía Marxista-Leninista (recibida en la Universidad de La Habana), Magíster en Ciencias Sociales y periodista del Granma Internacional. La primera anotación que nos hace en referencia a este cambio cultural es el de la educación formal que todos los cubanos reciben, de manera pública y gratuita.

“Pienso que en Cuba se ha dado ese salto cultural de avanzar de un capitalismo donde la cultura era disfrutada sólo por élites, a una cultura de masas. Eso es lo esencial”, explica Nuria, que a su vez hace foco en el doble rol que los medios de comunicación masiva poseen en la sociedad: por un lado, el de divulgación; por el otro, el educativo (pensemos que en la década del cincuenta, durante el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, los programas informativos ocupaban apenas el 10% de la programación, mientras que los educativos tan sólo el 5%).

En relación al papel de la escuela, Barbosa León agrega que una de las metas de Cuba es convertirla “en el centro cultural más importante en la comunidad. Que de la escuela se derive todo lo que tenga que ver con el ambiente cultural de un barrio. No sólo por las manifestaciones artísticas que se puedan desarrollar, sino como un vínculo de la escuela con las organizaciones de masa que puedan satisfacer las necesidades culturales de una zona determinada o alejada de los centros urbanos. Esa es una aspiración que tenemos; todavía no lo logramos, pero hacia eso vamos”.

El acceso a la cultura

Nuria, además de escribir en el periódico, ha publicado dos libros de relatos: Por ese motivo. Relatos desde Cuba (2012) y Dos miradas de Cuba en la Patria Grande (2017, en coautoría con Marcos Louit Lescaille); también trabaja como editora y redactora del sitio web de Radio Habana Cuba. “Dentro de lo cultural, hemos tenido que avanzar hacia varias cosas”, nos dice. “En el mundo, por ejemplo, la industria cultural mueve millones, pero para nosotros nuestra industria cultural es cultivar espiritualidades”.

El acceso a la cultura es una política pública definida. Centros culturales, teatros, cines, espectáculos de todo tipo, en general, son gratuitos o a muy bajo precio. En cada uno de los 169 municipios que hoy conforman la república cubana, existe al menos una Casa de la Cultura: mientras que municipios que reúnen una gran densidad de población, como puede ser el caso de Centro Habana, poseen más.

El Ministerio de Cultura, que propone como uno de los rasgos esenciales de su política cultural la democratización del acceso a la cultura, las define como “núcleo fundamental de la actividad cultural en los territorios”. Allí se dictan talleres para ayudar a que los artistas alcancen estudios (de artes plásticas, literarios, de música, etc.); son, a la vez, lugar de encuentro y donde aquellas personas que no ejercen el arte de forma profesional pueden hacerlo por recreación o interés particular. “En el proyecto de reforma de la constitución -nos dice Barbosa León- se está contemplando que las Casas de Cultura tengan más alcance y se utilicen mejor los presupuestos del Estado para esos espacios”.

Porque en Cuba se está discutiendo, desde hace varios años, un nuevo proyecto constitucional. Actualmente se encuentran en la etapa de consulta popular, en la que se desarrollan discusiones en cada uno de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) ubicados en los barrios, y en los centros de trabajo; en ellas, cada ciudadano puede expresar su opinión con respecto a los nuevos artículos. Según nos cuenta la periodista del Granma Internacional, se aspira a que los presupuestos tengan el alcance de manera tal que puedan incidir en una localidad compleja. Cuestión no menor, ya que como bien nos explica “el arte es muy caro. Todo el mundo consume arte. Pero es de las industrias más caras. Cuba, por ejemplo, no produce instrumentos musicales. Los importa. Y, sin embargo, en las academias musicales les entregan el instrumento al niño o estudiante. Primero se lo prestan y luego puede ser que hasta se quede con él”.

El artista como trabajador

Antes de la Revolución, en Cuba el artista estaba muy precarizado, como suele suceder en los países capitalistas. Cuando triunfa el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, comienza a llevarse a cabo una serie de políticas culturales que buscan amparar a los artistas y empezar a considerarlos como trabajadores. El discurso de Fidel a los intelectuales y artistas es la piedra angular a partir de la cual se comenzaría a planificar la política cultural cubana. Participación de las masas en la actividad cultural, creación de organismos y agrupaciones culturales, desarrollo del movimiento editorial, creación de bibliotecas, galerías, museos, entre muchas otras cuestiones. En 1971, se crea el Ministerio de Cultura.

Hoy, la cultura en términos laborales se organiza, de la misma manera que en otras áreas, en el marco del sistema de las empresas estatales socialistas. El caso de los músicos, por ejemplo, es particular, si lo comparamos con el modelo de un país como Argentina. “La forma estructural a partir de cómo se organiza el arte es a través de las empresas cubanas. El músico ingresa a ese tipo de empresa porque terminó sus estudios en una academia de arte, tanto de nivel medio como universitario. El título te avala para ejercer la profesión a través de una empresa”, explica Nuria quien, al mismo tiempo, cuenta que también hay músicos sin título académico que pueden pertenecer a alguna empresa, siempre y cuando hayan pasado una audición previa para ingresar.  

En sus formas organizativas y de difusión, tanto la empresa como los músicos pueden contratar actividades. Luego las ganancias se dividen. La empresa estatal redistribuye las ganancias en los salarios para los músicos, además de garantizar los derechos laborales básicos como son: aportes para la jubilación, vacaciones, licencias por maternidad, días de estudio, etcétera., como para cualquier trabajador de la sociedad cubana. “Quizás, hoy en día, el talón de aquiles de las empresas cubanas es la divulgación”, apunta Barbosa León, “porque se hacen actividades y no asiste tanta gente. Muchas veces no se asiste a las presentaciones culturales porque se desconoce. Puede ser por muchas cosas. Pienso que a veces es porque existen muchas más actividades culturales de las que se pueden divulgar. Mucha más oferta de la que se puede transmitir por los medios”.  

Los músicos están en constante conexión con los medios de comunicación, a los que pueden acceder sin tener que pagar de ninguna manera. A diferencia, también, de lo que se acostumbra en los países del mundo capitalista, los locales o boliches en donde se realizan espectáculos en vivo son quienes deben pagar a las agrupaciones musicales o artistas por tocar. “Eso es a lo que le diríamos mercado”, explica Nuria, “pero es un sistema socialista”.

La cultura como batalla

Hablamos del acceso a la cultura. También, de la cultura en tanto formación ciudadana, elemento fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico. Y de la cultura en tanto actividad profesional, llevada adelante por sinnúmero de artistas y productores culturales. “Yo pienso que lo cultural le ha ganado mucho más espacio a lo económico aquí en Cuba”, opina Nuria, “nosotros hoy estamos abogando por reformas económicas, sin embargo tenemos una lucha cultural ya lograda. Una lucha cultural que se ha expresado en muchos aspectos”.

Luego del derrumbe de la Unión Soviética y, años después, la caída de los precios internacionales, la industria azucarera dejó de ser el principal motor del desarrollo cubano y el azúcar, su principal producto de exportación. Golpe tremendo a la economía de un país que padece un bloqueo comercial, económico y financiero desde hace casi sesenta años, y cuyo desafío hoy es alcanzar la productividad que le permita dar un salto en su crecimiento económico. Barbosa León nos dice que, en la actualidad, la principal exportación de Cuba es la de recursos humanos, quienes están muy preparados. “Eso es un logro. Lo cultural se ha desarrollado en una carrera mucho más acelerada que lo económico. A pesar de todo. Porque en lo económico siempre estuvieron las limitaciones del bloqueo a un país subdesarrollado. Tal vez, en lo económico ha faltado también mayor estrategia, porque cuando se habla de justicia social, lo económico no puede estar; y cuando se habla de economía, la justicia social se agota. Lo justo no es económico y lo económico no es justo. Nosotros hemos abogado más por la justicia social”.

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