¿Swing porteño?

Acaban de lanzar su primer disco, Nuevas oposiciones, y lo presentan el viernes 14/10, en el Café-Teatro Mediterránea. Un encuentro con el dúo Rodríguez/Castillo.

por Pablo Boyé

Posición/Oposición

Como primera respuesta, ellos dirán que no; que hoy ya no.

Es que swing porteño es una categoría difusa, en donde se ligan dos palabras difíciles de aunar. ¿Hablamos de una música? ¿De una actitud ante la vida? ¿De un andar típico de cierta gente en la ciudad? Hubo un momento, sin embargo, en que Nacho Castillo y Julián Rodríguez sí se sentían cómodos ocupando la batea de la música swing.

-Era una toma de posición -arrojará Nacho, recordando sus primeros pasos juntos-. Era decir: estamos tocando swing y no estamos tocando jazz, nos estamos metiendo con una tradición más fácil de interpelar. Después fuimos entendiendo que el swing tenía muy fuerte la situación del baile, y que entonces era muy difícil plantear que estábamos haciendo swing y que nadie lo pudiera bailar.

-Yo considero que el jazz -va a decir Julián-, de alguna manera, es música porteña: hay algo de metrópoli. De hecho, si uno ve las orquestas de los años 40, algo de todo eso queda.

Que hoy elijan situarse dentro de ese gigante multifacético que es el jazz, también es una toma de posición: una suerte de asunción del yo-musical del dúo -cristalizada en Nuevas oposiciones, su primer disco, recientemente lanzado-, lo que implica dejar de lado cualquier reticencia, cualquier miedo a incomodar al otro.

O, más aún, que conlleva la búsqueda deliberada de incomodar.

-Preferimos decir que hacemos jazz y que alguien se enoje, es más divertido.

Lo porteño, a su vez, aparece como algo que se vincula más a las imágenes que se despiertan del diálogo entre el ukelele y la guitarra acústica: una terraza en San Cristóbal, domingo por la tarde, el recorrido mudo de una callecita de adoquines; vacía, pero no deshabitada. Y, también, alude a cierto modo insolente -en el mejor sentido del término- del hacer. Así lo ven ellos. En este sentido, la referencia a Walter Malosetti (a quien le dedican su composición “Senillosa”) es ineludible.

-No me animaría a decir que Walter Malosetti es el swing porteño -se atajará, de todos modos, Nacho-. Pero tiene el valor porteño de hacerse descaradamente.

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Si lo típicamente porteño fue alguna vez el tango, y luego el rock, hoy quizá no haya un género que pueda arrogarse esa bandera. Así y todo, Rodríguez/Castillo recoge elementos de esas tradiciones, y entonces en la conversación empiezan a aparecer otros nombres, que son referencias, como Juan Carlos Paz, Hernán Ríos (cuyo hallazgo fue un “quiebre” en sus vidas musicales), Ernesto Jodos, Juan Falú y Marcelo Moguilevsky, Luna Monti y Juan Quintero. Algo de todo eso se acumula, converge y se disemina por las cuerdas del dúo.

Esto los autoriza a sentirse cómodos en más de una escena. Y si decir swing porteño les permite pensarse, justamente, “sacándole peso al swing”, en diálogo con esos artistas que tomaban lo que ya existía para reconvertirlo desde un estilo propio, desde un hacer inocente, tal vez podrían aceptar tal denominación. Y, sin embargo,

-Nosotros no lo diríamos. Pero porque quizá no diríamos nada.

Escuchar/Decir

Rodríguez/Castillo es un dúo que tiene mucho para decir, y que lo dice, musicalmente hablando, y a la hora de hablar de música.

El cuidado fino en los arreglos de sus composiciones se condice con la búsqueda de las palabras exactas al momento de expresar una idea. Pueden pensarse y repensarse sin temor a caer en lugares huecos. Dialogan, entre sí, de la misma manera que lo hacen con sus instrumentos; cuando hay un vacío, es deliberado: es parte de una conversación en la que no necesariamente están de acuerdo el uno con el otro. Ellos dirán:

-A la hora de la escucha, llevamos procesos separados. Hay algo de escuchar música que es para mí hasta más estimulante que estar tocando.

-A Nacho le sirve mucho escuchar referencias concretas para lo que está laburando en el momento, y a mí no. Cuando estábamos por grabar el disco, él me pasaba todos los días dúos de improvisación. Y a mí no me interesaba tanto escuchar eso en ese momento, cuando sí hacerlo.

Nels Cline & Julian Lash, Pat Metheny & Jim Hall, Bill Frissel, Keith Jarret y sus discos de solo piano, son nombres que se irán sumando a la lista de referencias específicas que sirvieron para el trabajo sobre Nuevas oposiciones, así como la investigación sobre muchos guitarristas, ukelelistas y charanguistas.

Pero, sobre todo, ambos consideran al otro una referencia.

Años atrás, una tarde que en la memoria aparece lluviosa, Nacho y Julián todavía no eran Rodríguez/Castillo y, juntos, habían asistido a una clase particular. Habían preparado un arreglo de Gershwin para la ocasión. Cuando se encontraron de nuevo en la calle, muchas de las certezas que creían tener se habían desvanecido; ellas le cedieron su lugar a una pregunta lanzada por el profesor de turno: “¿a ustedes les gusta mucho el tango?”.

La anécdota es una pincelada que refleja su búsqueda constante de perfeccionamiento como músicos, y también es una muestra de las diferentes memorias musicales que recogen. De interpretar a Gershwin en clave tanguera, a capturar la expresión de la corchea swing. La música, así, puede verse como proceso dialéctico: hay un ida y vuelta necesario entre los ejecutantes, y también entre ellos y aquellos músicos, anteriores en el tiempo o distantes en la geografía, por los que se sienten interpelados. En ese sentido, recuperan con fuerza la experiencia de Hernán Ríos y Norberto Minichillo en El Terceto. En palabras de Nacho:

-Ellos trabajan con una libertad jazzística con muchísimo respeto de la tradición real. Tocan una zamba del “Cuchi”, y el “Cuchi” está ahí presente, de una manera casi evocativa. Hay una línea de respeto a la tradición: de transitarla, de cuidarla. Del respeto poniéndose a uno en diálogo. En ese sentido, Hernán Ríos es una referencia, y también lo es acerca de cómo abordar la improvisación: se trata de una forma de tocar que tiene un compromiso total con lo que está pasando en el momento de la improvisación.

Orden/Caos

-Nos sentamos en un parque a pensar: si vos tuvieras todo el tiempo del mundo y todos los recursos del mundo, ¿qué grabarías?

Música de Gershwin y Ellington con invitados de todo tipo, un disco de canciones en la que participen diferentes cantantes. Ideas diversas los asaltaron cuando se propusieron que este año debían registrar un disco. La conclusión final, sin embargo, fue la más simple, tal vez, la más evidente:

-Poner el eje en el dúo tocando, retratarlo -dirá Nacho, y agregará- Generar un concepto, generar una historia.

Puntillosos, no dejan nada librado al azar. No van a decir que concibieron el disco anticipadamente en sus cabezas, para luego volcarlo en el estudio, sino todo lo contrario. Pero su ambición por organizar el amplio universo en el que se desenvuelven, que va desde la creación de música hasta lo que implica pensar la comunicación, lo escénico en el show en vivo, o mismo la elección de los nombres de las composiciones (“Hay algo que se completa con el nombre de los temas”, dirá Julián), esa ambición pone de manifiesto una búsqueda por ordenar el caos -de ideas, de sentidos, de emociones- del que a veces se parte. Y en música, quizá, el momento de la improvisación sea el que tiende a asemejarse mejor con la idea de “caos organizado”.

-En nuestra elección de hacer improvisación está la idea de que no vamos a hacer un tema dos veces igual. Si el público es otro, si el lugar es otro, si el sonido es otro, no vamos a tocar dos temas iguales. Pensamos que nuestra música se modifica en función del público, aunque sea en detalles.

Nuevas oposiciones, grabado por Gustavo Semmartín durante dos jornadas en Estudio Urbano, se compone de siete temas: cuatro composiciones y tres oposiciones. La idea de llamar “oposiciones” a esos momentos del disco en donde se da rienda suelta a la improvisación, dirán, surgió como un juego de palabras, “una travesura”. Sin embargo, también puede arrojar diferentes lecturas: la oposición como un momento disparador, en el que dos fuerzas contrarias colisionan para dar nacimiento a otra; la oposición como un proceso constante en el que estamos inmersos, que no se resuelve; o la oposición como algo que es invocado, que se reclama, y que es difícil hoy no decodificar en clave político-social.

-El título empezó como un chiste. Pensábamos un título que reflejara: 2016 en Argentina, y lo que políticamente sentíamos que estaba en el aire. Estábamos muy conmovidos con lo que pasaba. Había una sensación de que habíamos sido parte de un proceso político, social y cultural que nos había modificado de alguna manera. Fue clave. Teníamos que hacer un disco que respondiera a eso. No podíamos hacer la misma música que hacíamos hace tres años.

Así, si el clima que hoy se vive es duro, entonces la música tiene que sonar con dureza. Si se viven tiempos fríos, debe reflejarse esa frialdad. Pero también, junto a esos pasajes más oscuros, de zozobra, en el disco de Rodríguez/Castillo conviven bellas y cálidas melodías. Existe, entonces, un doble juego de complementariedad/choque -de oposición- en la música del dúo, como si por momentos fueran juntos de la mano, y en otros decidieran soltarse deliberadamente y empezar a poner en cuestión la armonía lograda, que se saben capaces de lograr: una suerte de anti-swing. Y para lograr semejante resultado, no estuvieron solos, sino que involucraron creativamente a otras personas:

-En algún momento -dirá Julián- alguien nos hizo creer que podíamos hacer todo nosotros. Y eso a veces nos hace muy mal, terminamos buscando cosas que no vamos a encontrar en nosotros mismos.

Esos otros a los que recurrieron, además del mencionado Gustavo Semmartín, son Melina Ramonda, responsable del concepto visual del disco, y Maxi Forestieri, encargado de la mezcla y masterización llevada a cabo en el Estudio Crazy Diamond.

Rodríguez/Castillo

Nacho. Julián.

No están aislados, y lo saben. Se reconocen como formando parte de un entramado complejo, que comprende desde el conjunto de personas con las que se relacionan y trabajan, hasta una coyuntura política por la que se ven afectados. Así como el futuro les aparece como una imagen opaca, ven en los últimos años que pasaron una serie de experiencias (como son los sellos de gestión colectiva o las políticas de Estado que favorecieron e impulsaron el desarrollo y formación de muchos músicos) de la que se sienten deudores. Apuestan a la autogestión, porque es la forma que conocen y por donde entienden que hay que trazar el camino.

-Lo que hacemos con el dúo -arrojará Nacho- siempre lo sentimos en relación con otras movidas.

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El presente los encuentra en una etapa de autoafirmación. El tramo que va de su EP Dicho y Hecho a Nuevas oposiciones representa un proceso de búsqueda conceptual, estética y sonora. Búsqueda que hoy ha arribado no a su resolución, pero sí a una primera respuesta. Para llegar a ella necesitaron, por un lado, superar lo que van a consignar como “un trauma” de aceptarse como dúo y, por otro, asumir una postura menos esquizofrénica ante la demanda de originalidad constante que se ha instalado desde muchos lugares sobre los artistas.

-Hay que empezar a desmitificar que el artista tiene que ser original -dirá, convencido, Julián-, que tiene que ser único. Hay que empezar a buscar nuevas maneras de pensar eso. No está mal ubicarse dentro de una escena, dentro de un estilo. No somos seres iluminados por una mano divina, y hay que vivir con esa tranquilidad. La verdad es que el artista no es alguien que tiene un don, es un tipo que labura, que estudia, que piensa lo que hace, con otra gente, en un contexto.

Quizá sea esta claridad la que los relaje y, en cierta forma, les permita encarar con humor algunos aspectos de su propio trabajo. El ya referido título del disco es un ejemplo. El guiño a Debussy que hacen en “Pasos en la arena”, composición que cierra el álbum, es otro. La música de Rodríguez/Castillo, por momentos, está teñida de ciertas dosis de ironía, pequeños divertimentos que reflejan la personalidad de los músicos, y los límites no están fijados de antemano. La mejor manera que encuentran para llevar esto adelante es un montaje equilibrado entre apertura y autocrítica.

-Mientras seamos autocríticos, los límites, las licencias se las pone uno.

El viernes 14 de octubre, darán a conocer sus Nuevas oposiciones en el Café-Teatro Mediterránea. Y más allá de eso, la cosa seguirá, pues todavía queda mucho por oír, y por decirse.

Ellos, nos advierten, presentarán batalla.

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