Que 20 años no es nada: Okupas llega a Netflix

La serie dirigida por Bruno Stagnaro se suma al catálogo de Netflix. La banda sonora tendrá algunos cambios con respecto a la original: por problemas de copyright, Santiago Motorizado interpreta algunas de las canciones del soundtrack. A raíz de este cambio, aparece la pregunta: ¿lo que cambia es sólo música? Este texto arroja algunas claves para aproximarse a Okupas veinte años después, cuando los ecos de aquella generación todavía continúan sonando.

por Santiago Lecuna

Ricardo (Rodrigo de la Serna) se muda a una casona abandonada en Congreso. Vive allí con un viejo amigo de la infancia que va con lo puesto. Viaja en tren a Quilmes para debutar con la cocaína. Va al Docke a rescatar a ese viejo amigo y termina él siendo rescatado, en la escena más tensa de la televisión argentina. Ricardo va en busca de algo distinto. Okupas es distinto. Es una serie sin anestesia que narra la crisis nacional. Lo novedoso es desde dónde lo narra. El sujeto protagonista no es la familia de clase media que pese a la debacle económica aún se refugia en esa familia y en el trabajo que queda. Okupas narra a tipos jóvenes y solitarios que no tienen dónde caerse muertos. Pibes que están solos y ya no esperan más nada. Los únicos caminos que la serie parece descubrir son todos en la ilegalidad: tomar una casa, la delincuencia, narcotráfico a pequeña escala. Okupas es una serie que narra una época implacable. Si durante el menemismo el progreso se alcanzaba a los codazos y de a uno, Okupas narra sin contemplación qué pasó con los que se perdieron en la fila. Los que nunca llegaron. Pibes de la calle, delincuentes con y sin códigos. Y un De la Serna que no pertenece a ese mundo, que tiene la posibilidad de un futuro (familia con estabilidad económica, estudia en la universidad) pero deja todo en busca de otra cosa. La pregunta de por qué De la Serna abandona la comodidad no es respondida en la serie. ¿Era un chico rico aburrido en busca de un par de emociones fuertes? ¿Era alguien que no podía aceptar la felicidad que le brinda su posición social cuando todo alrededor se viene abajo? Como sea, Ricardo va.

Podemos decir que la originalidad de Okupas es lo que cuenta y cómo lo cuenta. Nos encariñamos con los personajes porque son auténticos: desde la ternura del “Chiqui” hasta la inclemencia del “Negro” Pablo, desde el despiste existencial de Ricardo hasta la seguridad sórdida del “Pollo” son palpables, son reales. Okupas no fue la única producción audiovisual sobre la crisis de fin de siglo. Los tanques costumbristas de Pol-Ka, como Gasoleros (1998-99) y Campeones (2000-01) lo hacían a su manera. El cine de la época, también. Nueve Reinas (2000) es la historia de dos estafadores de pequeña escala en una Buenos Aires donde los bancos cierran sin aviso, donde los cheques no se cobran. Aun años después, Luna de Avellaneda (2004) también cuenta la crisis; una escena: una niña deja de asistir al club. Darín va a avisar a la familia del inesperado faltazo. La chica vive del otro lado del río. Es una zona marginal, pobre. Un bolsón de pobreza en ese primer cordón del conurbano ayer industrial y hoy abandonado. Todo esto lo imagina el espectador. La cámara se queda con Darín en las afueras, no se mete en ese barrio. Lo cual es coherente con una historia donde el punto de vista es siempre desde las aspiraciones, deseos y expectativas de la clase media. Okupas rompe esto.

Las vivencias de los cuatro amigos y del resto de los personajes son las vivencias de tantos otros que transitan la marginalidad en la Buenos Aires de fin de siglo. Podemos escuchar ecos de esa generación en las canciones del momento. En algún punto, Ricardo puede ser ese “chico del chalet marrón”, que “tenía unos pesos y quería comprar/ algunos drogas para el sábado/ y lo zarpaban una vez más”, que el Pity canta en “Lo artesanal”. Pero en la excursión a Quilmes suena “Toma el tren hacia el sur”, de Almendra. Hay acá un juego, una tensión entre la banda sonora y la trama que nos parece interesante. La leyenda cuenta que esa canción estaba dedicada a los hippies que se iban a la Patagonia. No sabemos ni sabremos si esto es cierto. Pero sí que esa canción y ese rock podían funcionar como música de fondo de una juventud que no quería integrarse mansamente al modelo de sociedad que les esperaba y cuya alternativa era una vida más vinculada a la naturaleza. ¿Cuál era ese modelo de sociedad? El del pleno empleo, el del avasallamiento de las libertades individuales y políticas, el de la familia tipo, con papá trabajando en la oficina o fábrica, mamá en casa y los chicos en la escuela. Una sociedad homogénea, estandarizada, rígida. De eso escapan o, mejor dicho, contra eso escapan. Para los años dos mil, ese mundo ya estalló y el que quedó va a estallar de nuevo. En esta época, la huida al bosque lejos de la vida consumista y predecible de las grandes ciudades parece naif. Así y todo, es el tema de Almendra el que suena de fondo cuando los muchachos van a Quilmes. El capítulo se llama “Bienvenidos al tren”, como la canción de Sui Generis. Otra tensión entre lo musical y la historia. Nito y Charly cantan “pueden venir cuantos quieran/ serán tratados bien/ los que estén en el camino/ bienvenidos al tren”, una letra que no parece ser el espíritu de una serie de cuatro pibes que día a día la pelean para sobrevivir.

En Okupas hay mucho de Sumo, Pescado Rabioso, The Doors, The Beatles y Rolling Stone en su versión 60/70. Lo que puede ser un elemento más que vaya en sintonía de lo que la serie está contando. Una generación extraviada, que no encuentra en el hoy una expresión colectiva que los represente. No tienen con qué identificarse. Sin referencias, esos pibes sólo pueden ser contados en clave de tiempo pasado, sin posibilidad de ser parte de algo en tiempo presente.

La semilla de esta interpretación nació en este tweet. No parece descabellado, todo lo contario. Resulta acertado aun sabiendo que sí pasaban cosas. Era el apogeo de Los Piojos, la Bersuit y Babasónicos. En octubre de 2000 La Renga sacaba La esquina del infinito, y Divididos hacía lo propio con Narigón del siglo. Viejas Locas cerraba su primer ciclo a fines de ese año, mientras que Jóvenes Pordioseros, La 25 y Callejeros se preparaban para tomar la posta. Suárez y Fun People se iban a disolver al año siguiente, con sus integrantes continuando largamente en actividad.

Este es un recorrido arbitrario que pretende repasar una oferta variada y masiva, sin salirnos de los márgenes de lo rockero. Sin embargo, si damos este paso, y lo hacemos yendo más allá de lo musical, podemos anotar que faltaba un año para el argentinazo, pero el malestar social venía largamente manifestado. La CGT Moyano paraba y movilizaba junto a la CTA. En ocasiones (el 9/06/2000 o el 23/11/2000) se sumaba la CGT Daer, que junto a los cortes de las organizaciones de desocupados protagonizaban auténticas jornadas de lucha. A lo que vamos: sea intencional o no, el “hechizo del tiempo” en el uso de esas piezas musicales genera desde lo estético un efecto que retrata la falta de perspectiva de futuro de una generación. Lo cual no quiere decir que dicha generación no haya sabido elaborar respuestas materiales y simbólicas a la crisis de su tiempo.

Otra escena musical memorable. En el baño de un importante teatro porteño los 4 amigos aprietan a tres músicos para que toquen sus instrumentos de música clásica. La cámara recorre de izquierda a derecha la cara de los personajes. Mientras Walter tira sus pasos rollingas, Ricardo mira inmutable. Pero, ¿qué está viendo? Lo que pudo haber sido. Pudo haber tenido una profesión, una carrera, un lugar socialmente respetado. En Okupas sucede que en algún momento nos preguntamos: ¿están actuando o está pasando de verdad? Ese es otro de los golpes al mentón que da la serie. La construcción de los personajes y del guión, las locaciones donde se filmó, dan un efecto de verosimilitud abrumador. Al mismo tiempo, la trama no resigna volumen. El hilo general de la historia no se pierde, no hay falta de coherencia. No se trata de un par de tipos que hacen escenas aisladas pero bien actuadas frente a una cámara. Hay un nexo entre una escena y la otra, entre un capítulo y el siguiente.

El final es amargo. No queda ni el tiro del final. Pero hoy la serie está en Netflix. La crisis argentina tiene quien le escriba. Los que no la vieron van a poder tachar ese pendiente de la lista, los fanáticos van a poder disfrutarla en una calidad superior a la del querido YouTube. Santiago Motorizado le va a poner sonido a aquellas canciones con candadito. En cierta manera se rompe el “hechizo” musical. Hablamos del líder de El Mató a un policía motorizado, una banda que sacó sus primeros materiales en 2004. Es otra época. Bienvenida sea.

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